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Detrás de cada persona se esconde una historia real. ¿Quieres saber más acerca de quién soy y de cómo le di vida a mi proyecto? Déjame mostrarte un recorrido para nada convencional.

martes, 10 de febrero de 2026

HACHE

Condensar más de treinta años de vida laboral en un solo artículo es un desafío que va más allá de la memoria. No es sencillo reducir décadas de trabajo, disciplina y aprendizaje a unas cuantas líneas sin traicionar la profundidad de lo vivido. He elegido mostrar solo lo esencial, aquello que puede contarse, aquello que debe contarse y aquello que no compromete un oficio donde la discreción no es una opción, sino una norma.

En el Sector de la Seguridad, hay experiencias que pertenecen al silencio, servicios que nunca deben escribirse y datos que, por su naturaleza, deben permanecer en la sombra. Por eso este artículo no es un inventario exhaustivo de empresas, destinos o misiones. Es una selección deliberada. Una mirada filtrada. Una verdad parcial, pero auténtica.

A lo largo de este camino he conocido personas extraordinarias, referentes silenciosos que dejaron huella sin pretenderlo. También he encontrado otras cuya presencia fue una lección dura, necesaria, casi quirúrgica. Todo suma. Todo enseña. Todo recuerda que la vida no es amable, pero sí justa con quien decide mantenerse firme.

Lo que aquí presento es el esqueleto visible de un recorrido forjado en constancia, lealtad y propósito. Lo demás, lo que no se dice, lo que se intuye, lo que se guarda, también forma parte del Método Hache. Porque no todo lo vivido debe ser contado, pero todo lo vivido construye. Este es el umbral. Aquí comienza el Artículo 101 del Método Hache.


El Camino de Hache... Mi Camino: trabajo, disciplina y propósito.

Mi vida profesional no empezó con un plan. Empezó con necesidad. Con juventud. Con la urgencia de trabajar para entender el mundo y entenderme a mí mismo. No nací sabiendo cuál sería mi destino, pero sí aprendí pronto que el trabajo es el cincel que moldea el carácter.


Los primeros golpes del martillo.

Mi primer empleo fue en el campo, recogiendo patatas. Una semana bastó para comprender lo que significa el esfuerzo físico llevado al límite. Ocho horas diarias bajo el sol, con la espalda doblada y las manos llenas de tierra. Nunca había estado tan agotado. Nunca había sentido tan de cerca la dureza de un oficio que sostiene a tantos y que tan pocos valoran. Cobré 22.500 pesetas, agradecí la oportunidad y no volví. No por falta de respeto, sino porque entendí que ese no era mi camino.

Después vino la panadería. Quince días de madrugones que parecían noches eternas. El olor a masa, el calor del horno, el silencio de las calles cuando yo ya llevaba horas trabajando. Cincuenta mil pesetas al mes. Era lo que había. Pero también era una lección, no basta con trabajar duro, hay que trabajar en algo que te permita crecer. Y aquello no lo hacía.


El taller que se convirtió en hogar.

La vida, sin embargo, tiene una forma curiosa de abrir puertas cuando menos lo esperas. Un día, mientras jugaba al pinball en el Pub Másters de Villena, Aurelio, que en paz descanse, se me acercó y me ofreció trabajo en su fábrica, junto a su socio Paco. Acepté. Y allí encontré algo que no había sentido antes, pertenencia.

Ponía remaches, ojetes, timbraba… Todo en zapato de niño. Economía sumergida, sí, pero trabajo honrado. Y lo más importante, buena gente. Un ambiente sano. Una plantilla que funcionaba como un equipo. Ese lugar se convirtió en un refugio, en un punto de retorno. Porque tras cada etapa laboral, siempre volvía con Aurelio y Paco. Siempre.


Gasolineras, rutinas y la Mili.

Antes de la Mili trabajé seis meses en una gasolinera BP. Y cuando me incorporé al ejército, mi vida se dividió en ciclos, doce días en Zaragoza, nueve en Villena. Y en esos nueve días libres, volvía a la fábrica. No por obligación, sino por lealtad. Porque cuando alguien te abre la puerta sin pedir nada, lo mínimo es devolverlo con trabajo y compromiso.

La Mili me enseñó disciplina, estructura y carácter. En la Academia General Militar de Zaragoza aprendí a soportar el cansancio, a obedecer, a liderar, a confiar en mis capacidades incluso cuando dudaba de ellas. Obtuve un Diploma de Honor, una Felicitación en la Orden General de la Academia y un Certificado de la Sección de Seguridad. Practiqué tiro con arma larga, escolta de convoyes, traslado de explosivos, control de tráfico, inspección de vehículos, seguridad de edificios y despliegues tácticos.

Fueron meses duros, pero necesarios. Allí entendí que la fortaleza no es un músculo, es una decisión diaria.

Al regresar, entré en otra gasolinera BP. Pero algo dentro de mí ya había cambiado. Sabía que ese no era mi destino. Lo dejé. Y volví, una vez más, con Aurelio y Paco.


El anuncio que cambió mi vida.

Un día, timbrando zapatos, y después de haber estado también un año como Agente de Ventas en Talleres Pemesi, vi un anuncio en el periódico: Hazte Escolta Privado. Fue como una llamada. Una chispa. Un recordatorio de que la vida no se construye esperando, sino moviéndose. Desde la misma fábrica llamé. Concerté una cita en la Academia Luñez de Alicante. Y ese gesto, casi impulsivo, marcó el inicio de mi camino definitivo: la Seguridad Privada.


Los primeros pasos en un oficio que exige carácter.

En diciembre de 2001 obtuve mis primeras habilitaciones:

  • Vigilante de Seguridad.
  • Escolta Privado.

En 2002 añadí:

  • Vigilante de Explosivos.

Ese mismo año comencé mi andadura profesional en el sector:

Prosegur (2002): tres meses intensos que me enseñaron la importancia de la vigilancia, la observación y la responsabilidad.

Eulen Seguridad (2002–2013): once años de crecimiento continuo. Nueve como Personal Operativo y, más tarde, Coordinador en el Aeropuerto de Alicante. Aquí aprendí el valor de la constancia, la importancia del trabajo en equipo y la responsabilidad de gestionar servicios críticos. Durante esta etapa recibí una felicitación oficial de AENA y Eulen por mi esfuerzo en la puesta en explotación de la Nueva Área Terminal (NAT).


La formación como camino de superación.

Mientras trabajaba, seguí formándome. No por obligación, sino por convicción.

Entre 2008 y 2014 completé:

  • Experto en Investigación Criminal y Criminalística (ICC).
  • Diplomado Superior en Seguridad y Ciencias Policiales (SECIP).
  • Diploma Superior de Detective Privado.

Y obtuve habilitaciones de alto nivel:

  • Director de Seguridad (2010).
  • Jefe de Seguridad (2013).
  • Detective Privado (2014).

Además, conseguí acreditaciones para impartir formación en centros autorizados en áreas de protección, seguridad, socio-profesional y técnico-profesional.


El salto a la aviación y la gestión operativa.

En 2013 pasé a Securitas Transport Aviation Security como Coordinador del Aeropuerto de Alicante. Un entorno exigente, técnico, donde la precisión y la calma son esenciales.

En 2015 regresé a Prosegur, esta vez con más responsabilidad:

Coordinador del Aeropuerto de Alicante (2015–2017).

Gestor Operativo (Inspector) en el Aeropuerto de Menorca (2017).

Volviendo a Personal Operativo (2017–2019).

Cada puesto me enseñó algo distinto, liderazgo, gestión de crisis, toma de decisiones, trato con pasajeros, coordinación de equipos, control de accesos, seguridad aeroportuaria.

    


                           Bruce Willis rueda una escena en el aeropuerto de El Altet.

LA VIDA NO REGALA NADA... PERO SE RINDE ANTE QUIEN NO SE RINDE.


El paréntesis que también forma parte del camino.

El 1 de agosto de 2019 tomé una decisión difícil pero necesaria, hacer un paréntesis en mi vida laboral para preparar las oposiciones a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. Durante dos años cobré la prestación de desempleo mientras estudiaba con disciplina y foco.

Pero llegó la pandemia. El COVID-19 lo retrasó todo, trastocó mis planes y, como a tantos, me obligó a adaptarme. Cuando volvieron los exámenes, me presenté. Iba preparado. Me faltó poco para pasar el corte. Pero no pudo ser.

Y cuando la vida te dice “no”, uno tiene dos opciones, rendirse o volver a levantarse. Yo elegí lo segundo.

Regresé a lo que sabía hacer bien, ser Vigilante de Seguridad. El 1 de julio de 2021 me incorporé a la Patrulla Alicante LAV de ADIF con Securitas.


El presente: profesionalidad y propósito.

En 2021 me integré en Securitas Seguridad España, donde continúo como Personal Operativo, aportando toda la experiencia acumulada durante más de dos décadas. Y desde 2022 desempeño funciones de Security Operational Staff en la EUIPO, un entorno internacional donde la seguridad adquiere una dimensión institucional y estratégica.


Reconocimientos que hablan de un camino bien hecho.

La Dirección General de la Policía me ha concedido dos Menciones Honoríficas, Categoría B (2011 y 2023). Son símbolos, no de éxito, sino de constancia. De trabajo bien hecho. De compromiso.


Un oficio, una vida.

He trabajado en el campo, en panaderías, en fábricas, en gasolineras, en concesionarios. He sido soldado, vigilante, escolta, coordinador, inspector, gestor operativo, formador, detective, director de seguridad.

He aprendido que el trabajo no define quién eres, pero sí revela de qué estás hecho.

Mi trayectoria no es la historia de un ascenso perfecto. Es la historia de un hombre que se forjó a base de esfuerzo, de lealtad, de constancia y de propósito. Un hombre que entendió que la vida no regala nada, pero recompensa a quien se mantiene firme.

Este soy yo.

Este es mi camino.

Este es el espíritu del Método Hache: trabajo, propósito y carácter.

     


EL TRABAJO FORJA EL CARÁCTER... Y EL CARÁCTER CONSTRUYE EL DESTINO.






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