🄴🄽 🄻🄰 🄼🄴🄽🅃🄴 🄳🄴 🅄🄽 🄶🅄🄴🅁🅁🄴🅁🄾 🄽🄾 🄲🄰🄱🄴 🄻🄰 🄳🄴🅁🅁🄾🅃🄰

Datos personales

Mi foto
Detrás de cada persona se esconde una historia real. ¿Quieres saber más acerca de quién soy y de cómo le di vida a mi proyecto? Déjame mostrarte un recorrido para nada convencional.

domingo, 18 de enero de 2026

IKIGAI

Artículo 98 del MÉTODO HACHE.

Hay algo curioso en escribir un blog como el mío: MÉTODO HACHE, escrito por un desconocido para desconocidos. Ese es su encanto. No hay marketing, no hay estrategia, no hay intención de gustar. Solo hay un hombre, YO intentando poner orden en su cabeza mientras el mundo sigue girando sin pedir permiso.

A veces pienso que mi blog es como una botella lanzada al mar, quien quiera leer, que lea, quien no, que siga nadando. No escribo para convencer a nadie. Escribo porque, si no lo hago, las ideas se me acumulan como tráfico en hora punta. Y ya he tenido suficiente estrés en mi vida como para añadir más atascos internos.

MÉTODO HACHE es un espacio íntimo, casi un diario personal, pero sin la cursilería del “querido diario”. Aquí no hay filtros, ni algoritmos, ni postureo intelectual. Hay ironía madura, reflexión sin victimismo, crudeza sin rencor. Hay cicatrices que ya no duelen, pero que enseñan. Y hay humor, ese humor seco que me salva más veces de las que admito. Escribo porque necesito respirar. Y porque, de alguna manera, escribir es mi forma de existir.


IKIGAI: la razón de ser… O de seguir buscando.

El concepto japonés del ikigai habla de la razón de vivir, ese motor interno que te hace levantarte cada mañana. Suena muy zen, muy espiritual, muy de libro de autoayuda… Pero no lo es. El ikigai no es una frase bonita para poner en Instagram. Es una búsqueda. Una excavación. Una conversación incómoda contigo mismo.

Y en mi caso, mi ikigai no es una meta fija. Es un movimiento. Una brújula que a veces apunta al norte, otras al oeste, y otras simplemente gira como loca porque yo también giro.

Esta semana, por ejemplo, me ofrecieron un cargo para volver a gestionar plantillas. Un ascenso, dicen. Más responsabilidad, más estatus, más “importancia”. Y lo rechacé. Esa noche no dormí, claro. La cabeza es así, te dice que no quieres volver a ese estrés, pero luego te mete la duda por debajo de la puerta.

Ya pasé por ese cargo. Ya sé lo que es vivir con ansiedad, sin tiempo, sin vida. Y ahora que he probado la paz, no pienso soltarla. Prefiero quedarme donde estoy, donde organizo mi vida, donde tengo espacio para pensar, escribir, caminar, respirar… Mi ikigai, al menos hoy, es mi paz.


La parada técnica que me cambió el rumbo.

En julio del año pasado (2025), tuve que hacer una parada técnica laboral. No fue voluntaria, pero fue necesaria. Y en ese tiempo, mientras caminaba cada día escuchando podcasts, algo dentro de mí se recolocó. No sé si fue el sol, el sudor o la soledad, pero empecé a ver la vida de otra manera.

Desde entonces escribo más. Me llegan ideas como si alguien hubiera abierto un grifo. Termino un artículo y ya tengo medio escrito el siguiente en la cabeza. Y sí, repito conceptos, normal. Las ideas que importan siempre vuelven. Son como las olas, insistentes, necesarias, inevitables.






LA VIDA SE ORDENA CUANDO ACEPTAS LO QUE NO CONTROLAS...
Y DISCIPLINAS LO QUE SÍ.


Las dos mitades de la vida.

Creo que la vida tiene dos partes:

- De los 0 a los 40: brillas.

- De los 40 a los 80: iluminas el camino de los demás.

Yo ya estoy en la segunda fase. Y MÉTODO HACHE es parte de esa luz. No para iluminar masas, no me interesa, sino para iluminar a quien tenga la valentía de leerme.


El tiempo vale más que el dinero.

Por suerte, mis necesidades básicas están cubiertas. Y eso me permite ver algo que muchos no ven, el tiempo es el verdadero lujo. El dinero compra cosas. El tiempo compra vida. Si esta semana cayera un meteorito y se acabara el mundo, ¿me pillaría haciendo lo que quiero hacer? A mí sí. Y eso, créeme, es una tranquilidad que no se paga con nóminas.

Soy inversor, y mi “hermano el especulador de bien” siempre me pregunta:

¿Estás dispuesto a perderlo todo?

Antes dudaba, ahora no. Para ganar algo grande, tienes que estar dispuesto a perderlo todo. No hablo solo de dinero. Hablo de vida, de decisiones, de caminos...


Volviendo al IKIGAI.

Sigo buscando mi ikigai. Y quizá esa búsqueda es, en sí misma, mi ikigai. Tener un propósito, aunque sea provisional, es lo que me hace levantarme cada mañana. Mientras lo encuentro, me sostengo con pequeñas motivaciones: escribir, caminar, entrenar, leer, pensar…

Hoy en día, por desgracia, hay muchas personas que se sienten sin rumbo. Y cuando falta un propósito, la vida se vuelve demasiado pesada. No es un tema menor. Tener un sentido, aunque sea pequeño, puede marcar la diferencia entre seguir adelante o perderse.


La muerte y lo que enseña.

No tengo miedo a la muerte. Cuando me toque, me tocará. Solo espero vivir más que mi hija gatuna, IRIS. Y si no fuera así, mi Compañera sabe que tiene la misión de darle la mejor vida posible. Confío en ella.


La muerte te cambia.

Yo vi irse a mi padre mientras le agarraba la mano. No hay despedida más digna. No hay experiencia que marque más. Desde entonces, la vida tiene otro peso, otro color, otra urgencia.


Mis escritos como anillos de un árbol.

Este es mi artículo 98. Desde el primero han pasado años, vivencias, golpes, alegrías, pérdidas, aprendizajes... Cada artículo es un anillo. Cada anillo, una etapa. Y yo, un árbol que sigue creciendo hacia arriba, pero también hacia dentro. ¿Quién sabe cuál es su propósito? Siempre fui inconformista. De joven tuve mis crisis existenciales. Ahora ya no, supongo que he madurado. O que he hecho las paces conmigo mismo. Me pueden ver como místico, raro, solitario, independiente… Pero ¿Quién decide qué es raro y qué es normal? ¿El rebaño? ¿La oveja negra? El tiempo dirá. Y si no dice nada, tampoco pasa nada. Yo vivo como quiero, dentro de lo permitido por esta sociedad.


Mi vida hoy.

Entreno por las mañanas. Por regla general trabajo por la tarde o por la noche (hay que cotizar). Leo cada día. Camino cuando los turnos me lo permiten, sigo escuchando podcasts para cultivar la mente mientras cultivo mi cuerpo. Una vida simple, ordenada, tranquila. Una vida que me sostiene.


Y si tuviera que describirme.

Supongo que soy un hombre sigma. No un alfa, no un beta. Un sigma: independiente, autosuficiente, ajeno a jerarquías sociales, caminando a mi ritmo, sin necesidad de liderar ni de seguir. Un hombre que no compite con nadie porque su única competencia es consigo mismo. Un hombre que observa más de lo que habla, que piensa más de lo que presume, que vive más de lo que muestra. Un hombre que no necesita validación externa porque su brújula está dentro. Un hombre que, sin querer destacar, acaba destacando por no quererlo. Un sigma no busca el centro del escenario, busca su centro. Y cuando lo encuentra, ilumina sin hacer ruido.


Mi ikigai, hoy.

Mi ikigai no es un destino, es un camino, escribir, pensar, caminar, cuidar de los míos... Vivir en paz. Y seguir buscando, porque en la búsqueda también hay vida. Si mañana descubro mi propósito definitivo, perfecto. Y si no, seguiré escribiendo. Porque mientras escribo, existo. Y mientras existo, avanzo. Este es mi artículo 98. Mi anillo número 98. Mi huella número 98. Y si has llegado hasta aquí, gracias por caminar conmigo.


QUIEN TIENE UN PORQUÉ PUEDE SOPORTAR CASI CUALQUIER CÓMO.





No hay comentarios:

Publicar un comentario